viernes, 29 de enero de 2016

La hazaña de Un beso de esos... preciosa melodía






¡¡¡Hola chi@s!!!

Como ya sabéis soy un desastre, y después de casi tres meses de estar publicado os presento UN BESO DE ESOS, la que por ahora es mi última obra, publicada de la mano de Tempus Fugit ediciones.

Llegado este momento no sé por dónde empezar, me han pasado tantas cosas durante el transcurso de la elaboración de esta historia que me paro a pensar y no tengo ni idea de qué decir, y eso sí que es raro.

Empezaré por desvelar cómo surgió esta historia.

El colegio de mi hijo queda lejos de casa, por lo que no tengo más remedio que llevarlo en coche, así que todas las mañanas escuchamos la radio, concretamente, Levántate y Cárdenas de Europa FM. De ese modo, entre risas y emoción, vamos escuchando música, y una de esas mañanas brotó de los altavoces la preciosa voz de Pablo Alborán con su tema Pasos de cero; la realidad es que estaba yo tan contenta con el ritmillo pegadizo de la música sin prestar atención a la letra y de buenas a primera escucho las cuatro palabras que abrieron el cajón de la nueva historia que se construyó entera en segundos mientras subía la cuesta hacia el colegio a la ocho y cuarto de la mañana, Un beso de esos, había tanto que decir de ese beso, podían ocurrir tantas cosas por Un beso de esos...

Luego llegué a casa y busqué como loca la canción de este magnífico poeta y me detuve a escucharla, sin embargo, en el mismo momento en el que volvían a surgir esas palabras mi mente volaba olvidando lo escuchado y obviando el resto de parámetros, haciendo que mi mente girara en torno a la historia, de pronto aparecieron nombres y ya no pude aguantar más; abrí el ordenador y Trudy y Julio se sentaron a cada lado de la mesa para contarme su locura mientras se echaban miradas cómplices y a mis espaldas se daban besos... besos de esos.

Las páginas del libro se sucedían, sin embargo, mis hormonas empezaron a causarme malas pasadas debido a mi embarazo, haciendo que mis neuronas cayeran en un reposo absoluto y no fuera capaz de recordar ni mi nombre. Las ganas de continuar con la historia se esfumaban y por un lado me daba igual; pero por otro, estaba bastante inquieta por haber dado de lado a sus protagonistas, los cuales venían cada mañana, fieles a su cita, pero al ver que no les hacía ni caso, comenzaron a mirarme con rencor.

Finalmente, decidí dejarla en el octavo mes de embarazo, tenía claro que de seguir lo que surgiría de mi muso sería una soberana mierda (con perdón), y no podía hacerle eso a mis lectores. Por ello, cerré el portátil y guardé el pendrive en lugar seguro... a la espera... y les pedí a Julio y Trudy que no me agobiaran, que necesitaba tiempo para hacerlo bonito. Por suerte me entendieron y me dejaron mi espacio, apartando sus miradas acosadoras y llevándose con ellos los dulces momentos de besos y más besos.

Di a luz, y con la llegada de mi hija las nuevas ganas volvieron, después de dos semanas de habituarme a la nueva situación. Las yemas de los dedos me picaban y mis ojos juguetones buscaban una y otra vez la puerta donde guardaba el ordenador junto al pendrive, no obstante, todavía tuvieron que pasar algunas semanas hasta que a principios de octubre los protagonistas se sentaron a desayunar conmigo, exigiendo que comenzara otra vez, que lo que me tenían que decir me iba a gustar. Les hice caso y desempolvé todos los artilugios informáticos, eso pasó ese día, luego me di cuenta de que entre cólicos de lactante cada vez peores y biberones escribí la palabra Fin.

Esa la historia de mi hazaña para escribir Un beso de esos, por supuesto, me dejo muchas cosas en el tintero, momentos de llanto debido a la frustración, momentos de rabia, con un instante de AMOR, el más puro, entremedias, que fue el nacimiento de mi hija. Quizá algún día os hable de él.

Besos románticos,
López de Val.

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