jueves, 18 de febrero de 2016

Un día, un desahogo...

Hola chi@s,

esta semana voy a hacer una entrada que hace tiempo me ronda la cabeza y que no estaba segura de postear, puesto que me arriesgo a caer mal, a que se me mal interprete... En resumen, a que alguno de vosotros me deis la espalda por quizá no comprenderme o puede que porque yo no sepa plasmar aquello que quiero decir.

La entrada de esta semana es una especie de protesta... bueno, en realidad no es exactamente eso, la verdad es que es un desahogo hecho para mí misma en forma de letras, algo que hago a menudo, de ahí que puede que penséis que a veces está mal distribuido, pero quiero hacerlo desde el corazón y pensando en que este es mi rincón me he dicho que por qué no hacer uso de él.

Para empezar debo destacar que hoy en día a parte de ser ama de casa, como sabéis y por ello la creación de este blog, me dedico a escribir, porque me gusta, porque no puedo evitar sentarme a teclear en el ordenador, porque aunque sepa que a veces no me hace bien por el estrés que llevo, la necesidad impera sobre todo y me meto en proyectos imposibles de ignorar, puesto que mis personajes me hablan, claman mi atención y no puedo ignorar esas historias. Por ello a veces, me veis más ausente, aparte, por supuesto, de las cosas cotidianas de mi vida.

Después de este calentamiento previo entro en el meollo de la cuestión.

Partiendo siempre desde el respeto y aclarando que no hablo de posteos con palabras insultantes, es realmente increíble leer cómo cada persona pone lo que le viene en gana en sus espacios sociales referente a libros y autores, cosa que me parece del todo coherente; es formidable ver cómo en sus perfiles ponen lo que les da la real gana y además así lo dicen, porque son sus espacios, sus pensamientos y su vida, y reitero que me parece de lo más normal, puesto que yo reclamo el mismo derecho, sin embargo, esto no se da cuando las cosas vienen dadas por la otra dirección. Al parecer, estas reivindicaciones son unidireccionales y no se admite lo contrario y que conste que yo no he tenido problemas al respecto, pero sí que lo veo alrededor; por eso aquello de puede que me gane más de un enemigo por meterme donde no me llaman, y, sin embargo, me arriesgo y me meto. Soy un caso perdido, lo sé.

Es realmente increíble el que te pidan ayuda, y tú la das con toda tu buena fe, y qué recibes un gran...

Pues eso, y te quedas con cara de póker, pensando en si decirle a esa persona lo que opinas de eso que ha hecho, puesto que te hace promesas que pasan un día y otro y no se cumplen ni poniéndote de rodillas.

El "–por favor me ayudas–" a veces harta. Harta porque sabes cuál va a ser el resultado. Y esto sí que lo he vivido en mis carnes... y duele. A ver, las cosas no se hacen para recibir algo a cambio, pero que promociones, reseñes, postees, comentes, para gloria de los demás y que jamás se acuerden de ti es un despertar a la realidad muy duro. Porque tú al igual que el resto tienes sueños, fantasías, tienes ganas de que opinen de tu creación. Cuando escribes lo haces para ti, eso es verdad, pero cuando lo terminas, lo que quieres es emocionar, hacer soñar a otros, compartir la historia de esos personajes que te han acompañado durante días, tal y como les pasa al resto de creadores, ya sean escritores, pintores, escultores, poetas, etc. 

Señores, que yo también siento, que yo también me paso horas sentada creando, sufriendo y amando, mejor o peor, pero lo hago y al final es por los lectores, para ellos, mi deseo es compartir, sacar sonrisas y lágrimas, que no se despeguen de sus páginas, hacerles evadirse de sus vidas, sus problemas, aunque sólo sea por un rato, el justo para hacerles imaginar otros mundos. 

Por un momento vamos a ser realistas y pongamos las cartas sobre la mesa. Soy una mujer que tiene dos hijos, uno de siete años y una de seis meses, que demandan mi atención todo el día, sobre toda la nena y aquí las que son madres me entenderán; un perro al que hay que sacar a pasear; una casa que hay que mantener, hacer limpieza, comida, planchar, etc.; un marido al que no veo en todo el día y con el que me gustaría ver una película por la noche, pero que la nena la mayoría de las veces no nos deja; llegados a este punto ¿dónde está el tiempo para escribir?

Que una historia no se escribe sola, que cuando te sientas necesitas, al menos yo, tus veinte minutos para situarte de nuevo en la trama y conectar con ella y luego una o dos horas para sacar algo decente ese día. Es difícil, y sacas tiempo porque amas lo que haces, para que luego te pirateen el libro o no tengan dos minutos para escribir "lo recomiendo" o " no lo recomiendo".

Lo sé, puede que ya me odies. Pero entiéndeme, pongo el alma en las páginas de mis obras, robo tiempo al tiempo. Y dirás que si me cuesta tanto para qué tanto sacrificio... Porque, repito, lo amo y no lo puedo evitar aunque me lo proponga; porque sarna con gusto no pica. Tan solo quiero humanizar a los autores, hacer entender a algunas personas que tal y como ellas también tenemos una vida y que los libros que leen están sudados, llorados, amados y son por lo que llegamos a mostrar unas ojeras que debemos disimular con maquillaje en las fotos.

No soy una mujer de pedir, y cuando lo hago quien me conoce sabe bien lo que esto me cuesta, adoro cuando la gente hace las cosas porque les sale, porque lo desean, y en ocasiones siento que trabajo para nada, que mis horas sentadas frente al ordenador son para nada. Sé que esto lo sentimos todos a veces y que no será la última en que me encoraje aunque sólo sea un poquito.

Confieso que no estoy enfadada con nadie, al igual que confieso que cuando leo una crítica o reseña positiva me emociono y voy corriendo a leérsela a mi marido, porque cuando se toman su tiempo en alabar tu trabajo gusta ¿a quién no le gusta?, pero qué pocas veces he ido a leerle las reseñas de Un beso de esos... ¿De verdad tanto trabajo cuesta escribir veinte palabras? ¿Veinte? Y que conste que no soy la única escritora en opinar así, la diferencia es que yo lo digo porque creo que al igual que el resto tienen la libertad de escribir lo que quieran en sus redes sociales yo también creo que puedo hacerlo, siempre desde el respeto en ambas direcciones.

Y ya me despido, con la esperanza de que los que me queréis y seguís desde el principio hayáis entendido este post, si no es así os invito a que me escribáis para despejar dudas. 

Un beso enorme,
López de Val

2 comentarios:

  1. Pues a mí no me caes peor. Creo que es muy complicado ser escritor, tanto como también sería para un escritor no serlo. Altos y bajos, un éxito una duda y un maldito fracaso. Estoy completamente de acuerdo contigo, ojalá algún día las cosas sean más fáciles. Un besote :)

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